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"El encanto de la sirena" Relato Marinero

EL ENCANTO DE LA SIRENA

Por Administrador
Nov 3rd, 2017
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CONCURSO RELATOS MARINEROS 2017

Por Membrillo verde

Nueve de octubre de 1815. Era un barco enorme, de madera con forraje de fierro. Unos mástiles altos, cuyas velas se alzaban al viento.

En la cabina del capitán, un centenar de tesoros yacían, cada uno de las conquistas que el intrépido pirata había conseguido.

El timón, de gran tamaño y de madera, permitía un viaje seguro. Con un mapa, irían en búsqueda de una nueva tierra, un extraño lugar, una ruta desconocida.

Las brújulas los guiarían rumbo al sur, cruzando el Pacífico, a través del estrecho de Magallanes llegarían hasta el Atlántico, entre Chile y Argentina, para luego seguir rumbo hacia Brasil, allá al norte.

Un barco que elevó ancla y zarpó. Era un día nublado, de cielo gris. La tormenta, se harían presente más tarde.

Ya adentrados en el mar, siguieron rumbo a altamar, donde la tripulación celebraba su nuevo rumbo, cantando todos como piratas tripulantes. Embriagados con ron, fueron a realizar sus labores diarias.

Algunos cogieron escobas, otros trapearon el piso, otros cocinaban alimentos, pero nadie estaba de vago. No había tiempo de pérdida, ya había que avistar tierra firme, sin embargo, en las inmensidades del mar, nada se veía.

Más allá, en el horizonte el barco se pierde. No había rastro alguno de Chile. A lo lejos Valparaíso quedó, allá se perdieron recuerdos.

Los tripulantes fueron a dormir horas más tarde. El capitán, con un ojo cubierto por un parche, extremidad inferior izquierda reemplazada por un trozo de madera y un largo abrigo negro antiguo, cabeza cubierta por un gorro pirata; mandó a llamar a la tripulación. Nadie apareció.

Cogió uno de sus sables y rozó a cada uno de sus tripulantes en sus abdómenes, dejándoles una cicatriz. Ellos, cabizbajos, pidieron disculpas.

De pronto, el tripulante encargado del avistamiento de tierras cegó su vista al ver a lo lejos un desnudo cuerpo humano; una mujer de cabellos largos, brillantes, sueltos como caballo en pradera. Eran pechos y silueta curvilínea, con el cuerpo sumergido en el mar, un canto singular. Batía sus manos al aire y gritaba como quien se ahogaba en el mar.

Rápidamente, los piratas clavaron ancla en el océano, sin tocar tierra firme. El barco estancó y detuvo su marcha. Lanzaron un bote a mar, y alrededor de tres tripulantes se acercaron a esa hermosa mujer.

Cautivados por tan singular belleza, fueron atraídos por ella, para ser muertos en operación. Aquel bote nunca llegó de vuelta.

En tanto, el capitán y el resto de los tripulantes, intrigados por el fenómeno, fueron a buscar armas para matar a semejante criatura.

Movieron cañones y tomaron escopetas. Introdujeron pólvora y balas, para luego encender mechas y disparar balas a lo lejos. Ninguna de ellas dio con la mujer, la cual evadió las municiones.

Sin percatarse de ello, los tripulantes dieron por muerta a la mujer. Elevaron anclas y zarparon, tomando rumbo nuevamente al sur.

Por el costado este del barco, la mujer subió a bordo. Los tripulantes, de pronto la vieron y quedaron plasmados. Estaban atónitos al ver una mujer mitad cuerpo mujer y mitad cuerpo pez; de cabellos rubios y un canto afinado.

Aquella mujer, cuyos besos enamoraban a cualquiera, cuya belleza embelesaba a todos y cuyos encantos cegaron a los tripulantes, debía estar muerta cuanto antes.

Entre muchos tripulantes trataron de matarla, con sables y municiones. Con redes, la cogieron y la capturaron como prisionera. La llevarían lejos como tesoro para ser vendida a buen precio y obtener lingotes y monedas de oro en recompensa.

Más tarde, en la cabina, los tripulantes celebraban aquella captura bebiendo ron y comiendo pan, cantando por aquella victoria que les había dado problemas.

Tras cruzar el estrecho de Magallanes llegaron a Argentina, donde la sirena fue llevada a propiedad del gobierno para ser esclavizada como rehén. Pero en tierras extranjeras, su cuerpo modificó y en humano se convirtió.

El rey la liberó y en princesa se transformó. Ahora viviría feliz por siempre en tierra lejana, a cuyos piratas se había expulsado de tierras lejanas.

Membrillo Verde

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