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HURACÁN IRMA

Por Administrador
Oct 23rd, 2017
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Concurso relatos Marineros 2017

Por Manuel León Leiro

01-09-2017   Isla de Saint Marteen  Bahía de Marigot

Los impuestos de vivir en el paraíso

Hace más de cinco años, partimos de la costa Barcelonesa cargados con toneladas de ignorancia e  inexperiencia a bordo del velero Golden Dragón. De lo único que podíamos presumir era de llevar una cantidad ingente de ese combustible llamado ilusión, el encargado de mover el motor para las ganas de vivir intensamente, el que nos quita futuro y nos regala presente, como siempre el que nos hace valorar cada nuevo día. Por popa quedaban familiares, amigos y una manera de vivir, unas costumbres y una cultura de las cuales pocas sorpresas esperábamos ya. Nunca nos fuimos pensando que abandonábamos una mala tierra y mucho menos una mala vida, simplemente deseábamos conocer y tener nuevas experiencias.

Desde el primer día que llegamos al Caribe, fuimos conscientes de la dificultad que representa vivir en este paraíso tropical a bordo de un velero, los restos de antiguos naufragios junto a los relatos de los navegantes que fuimos conociendo, avisaban que para vivir en el paraíso has de aceptar su singular cuota de impuestos, y no nos referimos al 21 o 4 %, ni tasa alguna que al mejor de los políticos se les pueda ocurrir, aquí el precio o el alquiler por disfrutar de estos paisajes y su intrínseca vida lo marcan estas tormentas que una vez bautizadas reciben el nombre de huracanes.

El primer año en estas latitudes nos alcanzaron pequeñas tormentas, apenas sin motivo para preocuparse. Al segundo, Gonzalo el imprevisto, huracán menor con categoría 1 y que azotó la isla durante diez horas, nos mostró lo violento que puede ser enfrentarse a estos fenómenos. Nuestro velero escapó con heridas leves y una semi-varada, más de ciento cincuenta embarcaciones de todo tipo fueron hundidas por este huracán menor.

Parecía que nuestra experiencia sobre huracanes, ya había alcanzado una categoría aceptable para vivir plácidamente  en este maravilloso Mar Caribe. Con este ignorante pensamiento pasamos estos años, hoy ya hemos comprobado que para los huracanes de categoría mayor, no hay experiencia posible.

Huracán Irma St. Martin6-09-2017   Irma huracán mayor de categoría 5

 

La criatura

Desde su comienzo el 30 de junio, la estación ciclónica no dejó de ser una constante alarma, las amenazas de huracanes se habían convertido en el bollito para desayunar, pero todas se deshacían en la mitad del Atlántico, estas alarmas  y posteriores anulaciones, fueron acostumbrando nuestros miedos y temores hasta el mes de septiembre.

En apenas dos días, una pequeña depresión se convierte en huracán, todos los modelos de predicciones avisan que llegará a la isla y con categoría mayor,  sin dar tiempo ni a preocuparnos ya está bautizada, Irma le han puesto al recién formado.

El Atlántico falto de Alisios junto a la anómala situación del anticiclón de las Azores, desviado hacia el oeste, obligan a Irma navegar en nuestra latitud, para nuestros intereses, todas las predicciones son negativas y al menos que una divinidad obre en nuestro favor, todo apunta a que esta gran tormenta entrará sin tocar el timbre.

En el astillero donde trabajamos la preocupación ya es colectiva y nadie se aventura a contradecir  la previsión, todos los trabajos particulares se detienen y los esfuerzos son dirigidos para recibir este gran huracán que se nos viene encima.

Las comparaciones son odiosas pero en este caso también es una simple regla de tres, si Gonzalo con categoría 1 arrasó el litoral en apenas diez horas, qué no logrará Irma de categoría cinco. La única salvación posible es huir, no nos cabe duda alguna y después de unos días barajando posibilidades, tomamos la decisión, nos vamos.

Nuestra economía que no está para huidas junto  a la escasa preparación del Golden no son los mejores aliados para esta difícil situación,  sin olvidar que el huracán Jose en latitudes más bajas venía avanzando sin definir muy bien su trayectoria.

El viernes día uno de septiembre, Antoine jefe del astillero Geminga, nos ofrece varar el Golden, la oferta es irrechazable y en tres segundos cambiamos de opinión, nos quedamos.

A partir de este momento en el varadero solo resta sacar las embarcaciones de los que de una forma u otra andamos comprometidos con él, dícese de los trabajadores asiduos y los amigos de Antoine.

Es una carrera contra el tiempo, quedan apenas cinco días y los trabajos a realizar son para más de siete, todos los accesorios que se usan en el varado de las embarcaciones están agotados, algunos simplemente se trata de comprarlos, pero otros hay que fabricarlos complicando aun más los preparativos.

El martes día cinco a las 15 horas en el varadero ya no cabe ni una piragua, después de la durísima semana  moviendo y varando embarcaciones, llegó la hora de cruzar algún dedo, poner velitas, o cualquier ritual que se te ocurra, y buscar refugio para esperar la tormenta.

Se organiza una comida para dar por finalizada la preparación, Françoise el pescador de langostas trae un cesto de estos ricos antenudos y el nerviosismo que ha ocupado toda la semana es convertido ahora en un momentáneo y necesario relax.

Pasar un huracán como este a bordo lo consideramos una locura y antes de que la preocupación nos alcance,  ¡una vez más!, es el señor Antoine el que despeja la incógnita, nos ofrece compartir con nuestros amigos argentinos un apartamento que posee en una urbanización próxima al astillero Geminga.

Al atardecer estamos instalados en el cómodo apartamento, el cielo raso y la calma reinante logran que disfrutemos como si nada hubiera de pasar, la piscina de la urbanización se presta a poner una nota de lujo en tan delicada noche.

22:00 h   5-9-2017     Bahia Nettle

Irma vende destrucción a buen precio

La espera se hace corta, sobre las once de la noche el viento ya pasa de su régimen normal y al ser de dirección NE., nos permite estar en la terraza orientada al sur sin ningún problema ni peligro, en la cara norte del edificio parece que comenzó una guerra y poco a poco los sobresaltos son más continuados.

Sobre las dos am del día seis, Irma ya tiene su salvaje mano abofeteando la isla, ni siquiera la terraza es un lugar seguro, decidimos cerrar la potente persiana anticiclones y refugiarnos en el interior, el viento ya ruge como la turbina de un 747,  los estruendos de objetos que impactan contra el edificio asustan hasta al Capitán América y para sumarle  al momento un grado más en el tono del temor, la electricidad se corta.

Cuando parece que el viento ha llegado a su más alto nivel de intensidad y acostumbrados a sus rugidos, notamos que nuestros descalzos pies, están mas húmedos de la cuenta, linterna en mano buscamos el manantial y la fuerte corriente nos lleva hasta la puerta de entrada, trancada con la nevera y un mueble, comprobamos  que un río de agua se cuela por las rendijas, después de probarla vemos que es salada, este simple detalle suma otra preocupación,  la altura del apartamento más o menos 6 metros sobre el nivel del mar, no han sido suficientes para evitar la inundación, ahora nuestro temor deja de ser el fortísimo viento y se dirige únicamente a intentar taponar la entrada de agua.

Cuando más volumen ocupan el nerviosismo y el agua, un extraño silencio inunda el apartamento, el agua deja de entrar y por la ventanita del baño comprobamos que la calma es casi total, abrimos la puerta y salimos al exterior, son las 5:30 am., la leve luz del amanecer muestra un devastado y chatarrero jardín,  el viento estará sobre los treinta y pico nudos, a pesar de ser fuerte ahora mismo parece una ligera brisa.

Sabemos que esta pronta calma no es más que el paso del ojo de Irma, por unos minutos me olvido del panorama y dedico mi vista a encontrar los limites del gran ojo, la escasa luz a esa hora del amanecer le otorgo una uniformidad demasiado grisácea como para poder verlo, ¡para el próximo queda anotado!.

Es el momento para aprovechar la evacuación de toda el agua acumulada y antes de dar los últimos escobazos a la lagunita del salón, Irma avisa con grandes soplidos del suroeste que la segunda parte de esta ventosa película está por comenzar.

En pocos minutos volvemos a estar refugiados, ahora la segurísima persiana anticiclones tiembla como si una estampida de rinocerontes estuviese chocando contra ella, la estructura de aluminio que soporta las cristaleras se curva y el temor a su explosión y rotura nos hace buscar refugio en la única habitación. El viento a pesar de ser de la zona menos violenta continua asustando y la luz del amanecer deja ver por la ventanita del baño el desastroso parking, los coches aparcados ordenadamente el día anterior, son ahora un amasijo de todo tipo de objetos, inundados hasta la mitad de su altura, las alarmas antirrobo anuncian el desastre, un poco más cerca veo como las bocas de los buzones son movidas por el fortísimo viento, absorto intento leer la extraña conversación que mantienen y todo apunta que es sobre Irma, por el aire revolotean grandes chapas de los tejados de alrededor, mas que el albor del nuevo día, pienso que ha llegado el fin de toda existencia.

07:00 h 6-9-2017

¿Donde está nuestra isla? - San Martín voló bajo Irma 

Son las siete de la mañana Irma parece haber quedado conforme con su destrucción y se marcha hacia el oeste, las rachas de viento no permiten aun estar alegremente por la calle, aun así nos aventuramos hasta la carretera, el panorama es de bombardeo aéreo contundente, la naturaleza muestra con orgullo sus reclamaciones sobre algún asunto pendiente y dejando muy claro su poder.

De los estilizados y tropicales cocoteros solo quedan los troncos, el asfalto es ahora ocupados por árboles enteros, contenedores , cabañas, tejados, si en ese momento nos dicen que Satanás le declaró la guerra a Saint Marten, me lo creo.

Efectos del huracán IrmaCarretera de Sandy Ground 

Las primeras impresiones de estas vistas me trasladan a las imágenes que los informativos dan cuando las grandes catástrofes azotan cualquier lugar del mundo, aquí y en primera persona sé que simplemente fueron unas horas en el centro de este inmenso huracán.

Con el huracán Gonzalo los daños fueron más bien en primera linea de mar y sobre todo un ensañamiento con las embarcaciones,  la nula previsión de su llegada y gran parte de su destrucción se debió a este factor, en esta ocasión todo ha sido diferente, la alarma sobre la llegada de Irma hacía días que sonaba y todo el mundo creyó estar preparado, aun así sus parámetros superaron todas las expectativas y además de ser el huracán más violento de la historia moderna,  se sumó que el ojo pasó por el centro de San Martin, Irma ha devastado completamente la isla.

Cuando el viento deja de ser una amenaza para levantar chapas o trozos de tejados, decidimos  ir hasta Geminga, a pie pues es imposible la circulación de cualquier vehículo, recorremos los tres kilómetros. Por el camino vamos viendo como el paisaje ha dejado de ser familiar, los verdes arcenes de la carretera parecen haber recibido al más cruel de los jardineros y los pocos árboles que han resistido, están deshojados hasta el infinito, la mayoría de construcciones del margen norte se encuentran ahora destrozadas y desperdigadas en el margen sur, las olas que atravesaron el istmo se encargaron de ayudar a Irma al movimiento de cuanto objeto o construcción se encontraba en su camino,  a los pocos cientos de metros unos conocidos relatan como una madre y su hijo que residían en una humilde casita a orilla del mar, están desaparecidos y su cabaña se encuentra en la laguna interior.

A partir de aquí la carretera se convierte en una extraña e inusual ruta de mercaderes, todas las gentes que vienen de la ciudad de Marigot parecen familiares directos de los Reyes Magos, cargadas con grandes bolsas y con toda una diversidad de aparatos electrónicos, ríen y comentan sus adquisiciones. Son los auténticos profesionales de estos desastres naturales. Estos “huracaneros” son los primeros en salir a la calle, poco les importa si su vida corre un serio peligro, saquean desde el primer minuto del huracán hasta el último, únicamente el total vaciado de los comercios acaba con su hambre de saqueo.

La confusión de este amanecer solo parece existir para algunos de los residentes, el resto disfruta de estas extrañas compras donde no hace falta dinero, les basta con una potente cizalla para romper candados. Daba la impresión de que estas gentes lo tenían todo calculado y no se trataba de ninguna desesperación por la futura falta de agua potable o alimentos.  El efecto de este otro huracán llamado humanidad no es menos poderoso que el natural y aumentan el desanimo general.

Cuando alcanzamos a ver la zona de fondeo de la laguna interior, la sorpresa continúa siendo de negativa a peor, de las cientos de embarcaciones que se refugiaron en ella, no queda nada, todo está hundido o arrumbado en los márgenes, Irma ha pasado como un aspirador gigante haciendo desaparecer todo a su paso.

Y Geminga aparece ante nuestros ojos, el desastre es de categoría total, en el astillero nunca se pudo presumir de un exhaustivo orden y esta mañana recuerdo con cariño cada uno de sus desordenados rincones, hoy la destrucción alcanza el cien por cien de los edificios, las embarcaciones no tuvieron mejor suerte todas están volcadas o apoyadas en el suelo, de los veleros  solo siete de los más de sesenta, pueden presumir de mástil.

El suelo es una mezcla de arena con todos los restos inimaginables del hotel y los apartamentos de primera línea de mar, la entrada es imposible sin hacer una pequeña escalada por los escombros y es aquí cuando la magnitud del desastre nos rompe el alma.

Entrada Astillero GemingaLa entrada del astillero Geminga, normalmente de coches

Nuestro querido Golden no escapó a la furia de Irma, las grandes cicatrices son el reflejo de una desigual y cruel batalla, a pesar de entrar varias veces, mi mente fue incapaz de hacer un análisis del estado, algo en mi interior evitaba que me detuviese ni a pensar cual seria el próximo futuro de este hasta hoy nuestro velero-hogar.

Huracán Irma destrozos en astilleroNuestro querido Golden buscando el hombro de salvamento, para llorar

Astillero Geminga tras el Huracán IrmaEl astillero Geminga el día 6-9-2017
  
Velero en cementerio tras el huracán Irma

Cementerio de Marigot, el velero de nuestro amigo Stephan buscó el descanso eterno

Cada uno en su medida ha perdido todo lo que poseía, se trata de esas ocasiones en las que, el que más tiene también es quien más pierde, aquí no vale la condición social ni económica, todos hemos perdido, la única vencedora fue Irma y estos huracaneros profesionales que parecen haber recibido la señal divina para cometer sus vandálicos actos, importándoles  muy poco o nada la desgracia ajena.

Todos y cada uno de los relatos que vamos oyendo tienen el mismo denominador común, salvar la vida, nadie habla de lo que ha perdido, y los que aun podemos contarlo, solo nos resta decir que ganamos La Vida.

Por Manuel León Leiro

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