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Sueños y realidades

SUEÑOS Y REALIDADES

Por Administrador
Oct 20th, 2017
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CONCURSO RELATOS MARINEROS 2017

Por  Amadeo Gutiérrez Sancho

Silbaba el viento en los obenques, golpeaba en el mástil el puño de escota del Génova al virar… ¡Rápido, rápido caza, caza ya! Las velas comenzaron a portar, el barco en ceñida iba escorado, a todo vela se dejaba gobernar. Una vez a rumbo, vuelve la calma, abordo se respira tranquilidad, por la popa la estela se va alargando más y más, se nota, se disfruta la velocidad…

-¿Qué estas pensando?

-Nada, la verdad es que en nada… bueno sí, en un poema. No te rías hombre. Cuando estoy en el barco, navegando por la bahía… no sé, es como si me trasformara en otro ser. La luz, el viento, el rumor del agua. En fin, todo esto despierta algo en mí que me gusta escribir.

-Ya, ya sé lo que dices. Navegar a vela es como formar parte de un universo habitado por la luz, luz en el cielo, luz en las aguas… hasta las boyas tienen luz.

Rieron los dos con la ocurrencia de Pepe con una risa cómplice, placentera, feliz, después, se quedaron en silencio atentos al rumbo, gobernando las olas que asomaban por la amura de estribor. Dejaron la bocana de la bahía a popa, en busca del mar abierto. El viento estable mantenía la proa a rumbo, cortando el mar como un cuchillo de luz, al abrir las aguas con espumas blancas.

-Sabes Pepe, el otro día estuve con Lucas y… te vas a reír… bueno, estuvo contándome que había corrido el maratón de Bilbao, estaba eufórico claro. Se había pasado ¡todo un año entrenando! Y en la salida, me explicaba, estaba lleno de ilusión y temor… fíjate ilusión y temor…

-¡Juan eres un romántico! Y con infinita paciencia. Ya me dirás que te importa a ti si Lucas termina un maratón o se hace el camino de Santiago a la pata coja… y no digamos…

-Pues sí, sí me importa. Ya sabes que me gusta escuchar a la gente y su historia me hizo pensar en algo que nunca había pensado…

-¿Te hizo pensar? No me jodas que te vas a poner a correr ahora…

-No, no, ya me gustaría, pero no, no va por ahí la cosa. Me hizo pensar en algo curioso, es como si de pronto hubiera dado con una formula, la fórmula para cumplir los sueños.

-¿Qué? ¿La fórmula de los sueños? Pero Juan…

-¡Espera hombre! Te lo explico. Yo lo veo así: Lucas tenía un sueño, empezó a entrenar para convertir ese sueño en realidad. Claro que no es lo mismo desearlo que trabajarlo, por eso lo de las ilusiones y temores.

-Ya, y qué. Dónde está esa fórmula mágica.

-En la meta, mejor dicho está en las metas, en todas las metas cumplidas. Antes de atravesar una meta, es un sueño, después, un milímetro después de una meta, la realidad. ¿Te das cuenta? ¿Te acuerdas la ilusión que nos hizo aprobar el PER? Es lo mismo, exactamente lo mismo, convertimos un sueño, en una realidad.

-Bueno, sí, vale, y qué. No entiendo a dónde quieres llegar.

-Coño Pepe, que estamos dando vueltas con que si hacemos o no hacemos la regata del Gaitero. Cada vez que salimos a navegar nos pasamos el santo día hablando que si sí, que si no. ¡Hagamos de un sueño una realidad! En nuestro caso es más fácil, basta con estar en salida y si la terminamos… entonces ya para qué hablar.

-¡Oye! Sabes que tu formula… bueno, que sí, claro que sí, hacemos la regata del Gaitero con un par. ¡A virar! y rápido que estamos entrenando ya…

El barco había ganada barlovento de sobra para librar la isla de Mouro y poder navegar en un largo no muy abierto hasta la playa de Mataleñas. La estela del barco parecía que hervía de la velocidad del barco cabalgando las olas de mar de fondo que llegaban por la aleta de estribor y el día, no había hecho nada más que empezar…

-¡Oye Juan! ¿Cómo era la poesía esa de la boya 21?

-Te gustó eh… Pepe, te estoy contagiando…

BOYA 21 (bahía de Santander)

Solo en esta bahía

eres lo que eres

está tu vida

orientando singladuras

encadenada siempre

a vientos y mareas

que mecen o amenazan

tu firme resistencia

tu exacta posición.

En el cielo

cada mañana la luz

y en la noche,

la luz eres tú.

-¡Sabes Juan! Me están dando ganas de cambiar de nombre el barco y llamarle Boya 21.

Por  Amadeo Gutiérrez Sancho

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