Luz en el mar

LUZ EN EL MAR

Por Administrador
Nov 8th, 2018
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CONCURSO RELATOS MARINEROS 2018

 Por José Antonio Cabaleiro G.

Todo el mundo me preguntaba por qué quería ser marinero, por qué no escogía otra profesión. Mi abuela me decía por qué no me hacía maestro que era lo que tenía que ser y sin tener que estar lejos de casa tanto tiempo, así son las abuelas no quieren que nos pase nada lejos de su protección. Mi madre por su lado que por qué no me hacía contable, abogado, escritor, artesano, dependiente, panadero… cada vez que encontraba una profesión nueva venia corriendo para intentar tentarme de que cambiara en mi empeño en hacerme a la mar, si las abuelas no quieren que nos marchemos de su lado que os voy a contar de lo que es para una madre dejar a un hijo marchar cara a lo que para ella es lo desconocido y peligroso.

Pero para qué os voy a engañar, yo salí a mi padre testarudo, aventurero, amable y poco modesto. Así que fue imposible arrebatarme el sueño de ser marinero, y sobre todo el sueño de algún día ser capitán.

Cuando tuve la oportunidad empecé a formarme para ser oficial de la marina mercante, no puedo decir que fuera fácil, hubo mucha gente que se desvió por el camino hacia las otras profesiones que tanto me vendiera mi madre. Y no puedo decir que no hubiera momentos de flaqueza. Pero si puedo decir que no he encontrado un lugar en tierra donde fuera más feliz que en esa escuela.

Pero todo paso nos lleva a otro de nuestro camino, y llegó el día que tanto deseaba desde que tengo uso de razón. Llego el día de embarcar.

Recuerdo lo nervioso que estaba cuando me llegó el aviso. Estábamos todos celebrando el cumpleaños de mi hermana pequeña cuando sonó el teléfono. Las caras de todos en casa era un poema trágico porque al día siguiente me marchaba, bueno todas menos las de mi padre que estaba lleno de orgullo y la de mi hermana, que sonreía como un sol alegrándose por mí, como adoro a esa renacuaja.

Lo malo de que estuviera toda la familia fue que hicieron un frente común para intentar convencerme de que cambiara de opinión, y mi madre y abuela dirigiéndolos como una buena capitana y primera oficial que son de nuestra familia, no llegaríamos a ningún lado sin ellas. No os voy a contar todos los detalles de la conversación, realmente ni yo mismo lo recuerdo, estaba demasiado nervioso y pensando en todo lo que me esperaba, en si lo haría bien y como seria la experiencia y la vida a bordo, como para a mayores añadir todas las preocupaciones de mi familia, que os puedo asegurar que no eran pocas y de lo más variopintas. Pero sí me quede con una frase de la capitana de la familia “¿Qué vas a hacer tú en el medio del mar? es peligroso y oscuro”.

No sé por qué me afectó tanto esa frase, supongo que de pequeños la oscuridad es lo que más miedo nos da porque representa lo desconocido, y creerme cuando os digo que en ese momento me sentía como un niño asustado.

Al día siguiente salía mi avión a las ocho de la tarde para llegar a la ciudad donde estaba el buque. No fue un día agradable, casi no se hablaba en casa, lo único de lo que se hablaba era de la maleta y que me llevara toda la ropa de abrigo que mi madre consideraba necesaria. Ese día pensaba que llevaba ropa para mí y el resto de la tripulación para ir al polo norte, aun a día de hoy no le he contado que la use toda.

Fue toda la familia a despedirme, no os contaré más de esta parte porque todo el mundo sabe lo emotivas que son las despedidas y si hubo alguna lágrima intermedia es cosa nuestra. El avión salió y llegó a su hora. Dormí en un hotel cerca del puerto aunque no sé si llegué a dormir como tal, solo recuerdo pensar en “¿Qué vas a hacer tú en el medio del mar? es peligroso y oscuro”.

Y por fin llegó el día por el que tanto había esperado y luchado. Estaba embarcando en un buque mercante como alumno para surcar los mares. Os podría dar más datos del buque como que era rojo y negro, se dedicaba al transporte de grano, tenía una eslora de 120m, y su capitán era un ingles un poco repeinado. Pero nada de eso importaba en ese momento, lo importante era que estaba nervioso a no poder más y con la frase de mi madre en la cabeza y buscando cada esquina poco iluminada mientras me mostraban el barco y me decían cual sería mi camarote.

Al día siguiente zarpamos antes del amanecer. Era un día gris y triste en el que no vimos ni un rayo de sol. El cielo se fue oscureciendo para la hora de comer y al llegar la tarde parecía casi noche. “¿Qué vas a hacer tú en el medio del mar? es peligroso y oscuro”.

La tormenta cayó a media tarde y ahí sí que tengo que decir que estaba realmente asustado. “¿Qué vas a hacer tú en el medio del mar? es peligroso y oscuro”.

En medio de todo el vaivén de la tormenta y justo después de cenar. Empezó mi guardia con el capitán en el puente de mando. Por muy repeinado que fuera he de decir que quería ser agradable e intento que me sintiera bien explicándome las cosas y tranquilizándome, pero yo me sentía solo, lejos de casa y rodeado de oscuridad ya que la tormenta no nos permitía ver gran cosa. “¿Qué vas a hacer tú en el medio del mar? es peligroso y oscuro”.

Pero como todo el mundo sabe después de la tormenta siempre llega la calma y llegó. Pero no solo a el mar si no también a mi alma.

A las dos horas de guardia empezamos a dejar la tormenta atrás y con ella la oscuridad. El cielo se empezó a despejar de nubes y las primeras constelaciones empezaron a aparecer y no os podéis ni imaginar la sensación que tuve al ver a la luna aparecer. Esa vieja amiga que veía en la ventana de mi habitación era la misma pero no era igual. Cuando la veía en tierra me llenaba de sueños de futuro pero ahora en medio del mar me recordaba que estaba viviendo esos sueños, me recordaba todo el camino que había andado e iluminaba el camino que aún me quedaba, pero sobretodo me recordaba a mi gente y me hizo ver que el mar sí que es peligroso, aunque que por algo somos marinos y nos formamos para ver a esa mar embravecida a la cara y saber lo que tenemos que hacer. Mas lo que nunca olvidaré es que me hizo ver que la oscuridad no está en el mar, el mar es un lugar hermoso lleno de pequeñas luces que nos marcan el camino y nos guían, así como nuestros dos grandes faros que son la luna y el sol, sino que la oscuridad está en nosotros mismos, en nuestros temores y miedos a hacer realidad nuestros sueños y la desconfianza a lo desconocido.

Esto no es solo el sueño de un niño, es una forma de vida que no todo el mundo está dispuesto a vivir. Pero quienes la vivimos no la cambiaríamos por un trabajo monótono de una oficina donde nuestra ventana solo mostrara sueños, ya que nuestra ventanas muestran que esos sueños los estamos cumpliendo.

“¿Qué vas a hacer tú en el medio del mar? es peligroso y oscuro”.-“Vivir lo que otros solo sueñan mirando a la luna”

FIN

AUTOR: José Antonio Cabaleiro G.

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