Rumbo oeste caribe

RUMBO OESTE

Por Administrador
Nov 2nd, 2018
0 Comentarios
Comparte este contenido

CONCURSO RELATOS MARINEROS 2018

 Por Pedro Urbina

Nada más salir de la bocana del puerto nos enfrentamos a olas realmente grandes, quizás de tres metros, pero con viento favorable. Algunos barcos que nos seguían para despedirnos se dieron la vuelta allí mismo. Javier, el oficial de comunicaciones jubilado de la armada, se puso malo ya, en aquel mismo momento.

El barco había sido sometido a varias mejoras en las últimas semanas, pero finalmente el tiempo se echó encima y no tuvimos tiempo material para probar todas las instalaciones y cachivaches nuevos. Pues bien, a las cuatro horas de zarpar, en una maniobra en la que necesitábamos pasar el génova de babor a estribor, se nos quedó enrollado en la trinqueta. La fuerza que hacen las drizas, escotas y demás cabos, junto con la maltrecha vela, con vientos de treinta nudos y olas de más de tres metros, es como si se hubiesen abierto las mismas puertas del infierno y nos estuviesen recibiendo a latigazos. Tras una hora de infructuosos intentos en reparar el desaguisado, aproando el barco para poder trabajar con menos riesgo, Ángel, nuestro capitán, decidió hacer lo más sensato, que era, para sonrojo de toda la tripulación con la excepción del maltrecho Javier, volver a puerto. Todos convinimos en intentar hacer el ridículo lo menos posible, así es que nos atrincheramos en el pantalán más alejado y escondido del puerto, donde tan sólo pudieron encontrarnos los marineros que tenían que hacer la reparación. Zarpamos de nuevo muy temprano el día 23. En secreto.

A pesar del estado del mar, el único que se mareó de forma alarmante fue Javier. El resto de la tripulación sufrimos un malestar general que nos impidió alimentarnos adecuadamente durante cinco días. Estar encerrado todo ese tiempo en una centrifugadora de veinte metros cuadros, supone un esfuerzo ímprobo, y atender cualquiera de las necesidades básicas se convierte en un reto. No dormí nada hasta llegar a Mindelo. A pesar de que nos obligamos a hacer una comida caliente al día, la tomábamos con desgana y acababa casi siempre en el mar. El estado de ánimo generalizado era muy bajo. Yo también me encontraba mal, pero me animaba mucho ver la seguridad y templanza de Ángel al tomar decisiones.

Dorado pesca cruzando el atlántico

El viento nos ofrecía una navegación mucho más segura y cómoda hacia Caboverde que hacia el Oeste. Para entonces los ánimos en el barco estaban por los suelos, hasta el punto de que Ángel, me confesó al verme entero, que se temía una deserción masiva si desembarcábamos en Caboverde. Sin embargo, un día antes del desembarco, los ánimos se vinieron arriba pues Pablo consiguió sacar un precioso dorado de más de tres kilos. Era la primera picada y hasta la falta de pesca nos desmoralizaba. Al día siguiente, y a tan solo una jornada de alcanzar la islas, decidimos navegar con el gennaker. El viento ya había bajado a unos diez nudos. Se trata  de una vela enorme que desde tierra parece un gran globo. Se monta enfundado en una especie de calcetín gigante, y una vez que este queda izado en lo más alto del mástil, se tira de unos finos cabos que lo hacen subir mientras  se va hinchando la vela. Cuando se despliega, es realmente espectacular. Después de que lo liberásemos de su funda, y una vez totalmente desplegado, observamos con estupor cómo los cabos se habían quedado enganchados en la funda, y a medida que la vela iba portando, ambos funda y cabo, se fueron a lo más alto. El problema es que los cabos deberían haber quedado en la cubierta para después poder volver a enfundar la vela y arriarla. No quedaba más remedio: había que subir hasta la primera cruceta y desde allí engancharlo con el bichero. Esto se hace con un arnés que se llama guíndola. Te sientas sobre su parte más rígida y tus compañeros te izan utilizando los mismos cabrestantes que se usan para las velas. Yo ya lo había hecho hace años, pero atracados en el puerto. Las condiciones aconsejaban izar al menos pesado. Todo salió bien, aunque perdimos el bichero. Un mal menor.

cruce del atlántico a vela

En la banda de estribor llevamos amarrados, a un tablón de contrachapado marino, diez depósitos de 20 litros cada uno de gasoil. En la primera guardia de Jean, el día 25 a las cuatro de la madrugada, una gran ola que barrió la cubierta arrancó los bidones que fueron cayendo al mar uno a uno pero agarrados entre sí como una ristra de chorizos. Afortunadamente pudimos recuperarlos, pues el último no se soltó de verdadero milagro. Recogerlos tirando de ellos fue un esfuerzo ímprobo, pues además del peso, las olas, el viento y la noche cerrada, los necesarios arneses con los que nosotros nos sujetamos a la línea de vida no nos dejaban trabajar correctamente y se enredaban en el amasijo de cabos sueltos. La necesidad de estibar correctamente el combustible y de comprobar su estado, fueron la razón definitiva para decidir desembarcar en Caboverde.

El ambiente de Mindelo es el típico de una población  del África Negra. Excolonia portuguesa cuyas gentes viven volcadas en la única ocupación de sacarle la pasta a todos los navegantes que arriben a sus costas. A pesar de estar tan solo un día y dos noches, nos dio tiempo a entablar amistad con Iván, un rastafari empeñado en la misma tarea que el resto de los isleños, aunque su amabilidad nos cautivó y su ayuda nos fue de gran utilidad para movernos por el poblado y para encontrar un lugar donde comer. También nos llevó al mercado donde compramos fruta de pésima calidad y agua embotellada, a un precio mucho más alto que el de cualquier capital europea. Jean y Juanjo apenas bajaron del barco y en ningún momento abandonaron las instalaciones del puerto. Javier puso pies en polvorosa según desembarcamos. Luego supimos por un mensaje que ya tenía un vuelo destino Lisboa para esa misma tarde.

Rumbo Oeste Relato Marinero

Zarpamos rumbo Caribe en la madrugada del 29 de noviembre. Pero antes de continuar, creo que ha llegado el momento de presentaros a mis compañeros de viaje, empezando por el capitán:

Ángel Escolar: tinerfeño de 51 años. Aficionado a la vela desde niño, es actualmente y desde hace muchos años propietario de una escuela náutica (ECC Yacht) que además alquila barcos, de su propia flota, y de sus clientes. Ha realizado largas e innumerables travesías entre Baleares y las Islas Canarias, pero no había cruzado el Atlántico con anterioridad.  Nos transmite seguridad y ánimo a todos, siempre está de buen humor, aunque en su barco las normas las impone él, y deben ser cumplidas. Una de ellas es que a las doce se toma el aperitivo aunque caigan chuzos de punta.

Israel Alonso, 50 años. Es sanitario hipocondríaco, así es que nos trajo una farmacia entera.  Es acompañante habitual de Ángel en sus travesías, y obedece sus órdenes raudo y eficaz, aunque se pasa el día discutiendo con él. Si fuesen Leoncio el León y Tristón, Isra sería este último.

Pablo Rambou: Canario de origen belga, 45 años, auxiliar de vuelo de profesión y agricultor por afición. Es amigo de Ángel y de Isra. Es voluntarioso, le gustan las reparaciones, la pesca y la cocina.

Jean: de nacionalidad suiza, 57 años y constructor de profesión. Me parece buen tipo, aunque es un verdadero paquete. Me ha reconocido que para él está siendo una gran experiencia viajar con nosotros.

Juanjo:  Tiene 65 años, y es oriundo de Albacete, donde ha vivido siempre y ha ejercido como catedrático de historia en un instituto hasta su jubilación. Se autodefine como un señor normal de derechas. Es verdad que lo es, las dos cosas. Participa en todo, es voluntarioso y extremadamente amable. Ronca como un animal, y no vale de nada chistarle pues está sordo. Es mi compañero de camarote y una de las causas de mi insomnio.

Javier: el de la gorra roja. 63 años. El que se rajó en Caboverde. Se autodefinía como un auténtico paquete en un barco, a pesar de ser marino de guerra. Sus ironías nos hubiesen reportado momentos gloriosos durante la travesía.

Pesca en travesía barco

El  domingo 29 de noviembre dejamos atrás el puerto de Mindelo. La fortuna nos volvió a sonreír a unas 10 millas de la costa, pues picaron dos abadejos a la vez, uno en la caña de Pablo y otro en la mía. Cada uno de ellos de aproximadamente de un kilo. Los preparé a la espalda en el horno añadiendo un majado final de vinagre y ajos crudos. Exquisito. Regularmente cocinamos cuatro de los seis. Los postres los borda Pablo, el pescado es cosa mía, y en los guisos vamos empatados. Juanjo siempre hace de pinche. Tomar el aperitivo es lo obligado. Quesos manchemos que trajo Juanjo, quesos suizos gentileza de Jean, el jamón ibérico que llevé yo envasado al vacío, chorizo, fuet….. El vino canario lo puso Ángel procedente de la bodega de un amigo suyo.  A parte del pescado, que lo comíamos  en el mismo día de cogerlo, y ha sido la base de nuestra alimentación muchos días, hemos hecho fabada, lentejas, rancho canario, patatas guisadas, papas arrugás con mojo, pasta…. Solo hemos comido carne los primeros días. Hemos hecho incluso una tortilla de patata gigantesca, friendo las patatas dentro de la hoya. El pescado ya se ha terminado y no vamos a pescar más. En estas islas es común una enfermedad transmitida por el pescado que se llama ciguatera. Creo que es una toxina originada por un alga que no afecta al pez cuando la come, pero tiene efectos neurotóxicos en las personas. Así es que, se terminó la pesca. Mientras ha durado ha sido una gozada, y la principal excusa para que Ángel mantuviese constantemente picado a Pablo a base de gritarle que no podía ser que el godo pescase más que ellos. Ya sabéis que este es el término despectivo con el que los canarios se intentan mofar de los peninsulares. Yo por supuesto podría no haber entrado al trapo, pero lo hice. Así es que la rivalidad estaba servida. A destacar: un bonito de unos seis kilos. No era como los que pesco en Almería que son alargados, este parecía un cerdito rechoncho. Nos lo zampamos en tacos marinados al estilo canario. Una barracuda de dos kilos (zampada al horno en cuajadera) y el récord del viaje: un dorado de 15 kilos.

A parte de los peces, del resto de la fauna poco que añadir. Ha sido un poco decepcionante. Hemos visto delfines y calderones, pero ninguna ballena. Tampoco tortugas hasta nuestra llegada a las islas. Ahora mismo, en el canal entre Martinica y Santa Lucía, nos rodean varios cormoranes al acecho de los peces voladores que levantan el vuelo a nuestro paso. Es precioso ver como clavan en picado al agua para hacer sus capturas. De este tipo de peces nos hemos hartado de recogerlos en cubierta. El primero nos hizo mucha ilusión. Con las alas desplegadas son como un pájaro. Lo devolvimos al mar pero salió volando antes de tocar el agua. Cada mañana, cuando hacemos la inspección de cubierta para tomar nota de los desperfectos, vamos retirando peces muertos. Algunos son tan pequeños como boquerones, y se meten por cualquier hueco. A Isra le cayó uno encima mientras dormía en su camarote. Entró por la escotilla, y era de los grandes.

En cuanto a la navegación, hemos tenido viento portante desde que zarpamos en Tenerife. En la primera parte del viaje los alisios primero entraban por la aleta de estribor, luego y la mayor parte de la travesía por la popa, y finalmente llevamos dos días con viento por la aleta de babor. Nos han llevado más al sur de lo inicialmente previsto, hasta el punto de que los últimos días veíamos como nos acercábamos a Trinidad Tobago  y la costa venezolana, plagada de piratas. Es una zona en la que esta gentuza tiene la afición de abordarte, tirarte al agua y quedarse con el barco, todo ello ante la pasividad de las autoridades del régimen, que más bien parecen lucrarse con el negocio. También en este punto los alisios hicieron lo que se esperaba de ellos, y Ángel parecía saberlo en todo momento. Hace tres días el viento nos empezó a desplazar hacia el norte en dirección a Barbados. En estas condiciones, la navegación rápida, cómoda y segura aconseja utilizar el tangón para sacar mayor partido a la navegación a orejas de burro (genova en una banda y mayor en la contraria). Se trata de un tubo de aluminio más pequeño que una botavara pero con casi cuatro metros de longitud y 25 cm de diámetro. A pesar de ser de aluminio, su peso es notable, y el manejo desde la cubierta es complicado.

Tan solo añadir, que no nos hemos aburrido. La navegación, la pesca, las reparaciones, la cocina, el orden del barco y el aseo personal nos consumían la mayor parte del tiempo. En los ratos libres hemos escuchado música de todos los tipos, desde ópera barroca hasta rock duro pasando por Manolo Escobar. Hemos jugado a las cartas, hemos visto películas, nos hemos contado nuestras vidas y nos hemos bañado sentados en la popa a cubazos con los pies dentro del océano. A esto lo llamábamos «ir a la playa». También hemos ido a la compra (cuando pescábamos), de cañas (el aperitivo), al casino, al cine….. La clave ha sido la tripulación. Todos hemos cuidado unos de otros. El ruido constante de los canarios discutiendo entre sí forma parte del ambiente y nos divierte. No hemos tenido miedo, ni frío ni calamidades de ningún tipo desde que zarpamos de Mindelo. No he pensado en el pasado ni en el futuro. He estado relajado e integrado en la naturaleza salvaje del océano. No hemos visto a penas ningún barco, ningún avión. Tan solo el mar y el cielo estrellado. Desde que anochece y sale la luna pasan al menos cuatro horas de noche negra y cerrada. Para mí ese era el mejor momento, por eso hace siete días, cuando llevábamos algo más de la mitad del viaje decidí trasladar mi cama a la cubierta. Todas las noches saco mi edredón y mis almohadas y duermo en cubierta hasta mi turno de guardia.

En los próximos días se irán marchando todos. Primero Jean, luego Juanjo e Isra. Yo regreso el 22 desde Guadalupe para llegar a casa el 23 vía París. Ángel se queda por las islas hasta abril. Quiere llegar a Cuba y explorar las posibilidades de abrir aquí un negocio de alquiler de barcos. Ángel, nos ha confesado que se está planteando seriamente cruzar el Pacífico. A fin de cuentas Panamá está cerca de aquí. Imaginad lo que estoy pensando.

 Por Pedro Urbina


Comparte este contenido
¿TE HA GUSTADO? COMPARTE ESTE CONTENIDO:
EN TU CASA EN 24-72 HORAS*
*España (Península)
COMPRA 100% SEGURA
DERECHO DE DEVOLUCIÓN DE 30 DÍAS
Suscríbete a nuestro Newsletter
Venta anticipada con grandes descuentos y novedades